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Para Saber Cómo Es La Soledad
Quería debutar con un artículo distinto para esta nueva página, pero un hecho inesperado me agarró pesadamente teniéndome mentalmente ocupado en estos momentos. Un gran amigo acaba de sufrir el suicidio de un ser muy querido. No pretendo ni moralizar ni sensibilizar al populacho. No me corresponde ni me interesa. Pero creo que es justo que pongamos las cartas sobre la mesa, para que por lo menos los que no me conocen se vayan haciendo una idea de este columnista. Soy pro aborto, pro eutanasia y pro suicidio. Me parece que los derechos básicos parten en la persona misma, en la singularidad del individuo y de su conciencia, y este punto es re importante, porque la conciencia, a mi modo de ver, es la esencia de la vida; o sea, si voh no cachai tu realidad, no tenís real conocimiento de tu contingencia, no tenís criterio o no estay en tus sentidos, no erís ni libre ni vivo. Ahora, si cumplís con todo lo anterior erís dueño de hacer lo que querai con tu vida, con tu cuerpo, etc., etc. Como dije anteriormente no moralizo, por lo que tampoco me vale analizar las razones por las que alguien comete suicido, ya sean físicas, anímicas, sicológicas, o hasta químicas. Más allá de las creencias de cada uno, lo que todos tenemos claro es que la muerte nos afecta, en mayor o menor grado, pero nos afecta. Desde que nacemos, todos los seres vivos tememos a la muerte. Los humanos particularmente, cuando agarramos conciencia, a parte del miedo natural a la muerte, nos pegamos la cachá de que este paso es inevitable, que tarde o temprano nos visitará la pelá. Y esto también sucederá a nuestros seres amados, cosa que a veces es más temible que la propia muerte. Puede que sea más fácil dejar partir a los más viejos, pues sabemos que el desgaste del cuerpo es inevitable y que la muerte es sólo el fin de esta etapa llamada vida, tomamos como algo lógico que los veteranos se mueran, esto no quita que sea doloroso para los que le sobreviven, lo mismo pasa con los que sufren enfermedades terminales, puede que el proceso sea más doloroso, pero los deudos tienen claro que el fin se aproxima. Mucho más traumática es la pérdida de un ser querido por una muerte violenta e inesperada. Este último caso me ocupa ahora, mi amigo sufre por la pérdida de su cumpa, así como yo sufrí el asesinato de uno de mis mejores amigos. Lógico es que tales hechos nos afectaron de sobremanera, porque no los esperábamos y porque se nos iba alguien muy querido. ¿Pero porqué sufrimos? El que se muere ya no es más, eso es claro, el que partió ya no sufre, su conciencia descansa, no puede saber que pasa en este mundo, no siente, no sufre, no cavila, no se aproblema, no es y no es no más. O sea que si el finado tenía problemas en vida, ya no los sufre. Tampoco disfruta de las cosas lindas de la vida, pero tampoco tiene conciencia de eso, porque está muerto. ¿Entonces sufrimos por el que no está?¿Lloramos por lo que se va a perder? Simplemente no creo eso, sufrimos por nosotros mismos. En mi caso me dolió mucho el tormento al que sometieron a mi amigo Bakaano, y me conmovió la traición de los que estaban con él, cosas que me habrían afectado igual si hubiese quedado vivo, pero si he de ser sincero, lo prefiero muerto que vegetal, lo prefiero enterrado que baboso e inconciente, porque eso no es vida, y la pérdida y el sufrimiento sería doble. A lo que voy es que uno llora porque UNO es el que perdió; yo perdí a mi hermano y lo extraño, más allá de la culpa de no haber estado allí en ese momento, más allá del dolor de su sufrimiento, sufro por mí, por no tenerlo. Con mi amigo éramos muy unidos, patiperreábamos por aquí y por allá, hueviábamos ene, putéabamos al mundo y estábamos en todas las paradas juntos, nos curábamos raja, nos metíamos a las piletas cuando hacía calor, íbamos a tocatas, a fiestas ruines, etc. No hay día en que no piense en él, no hay momento que no me pregunte como estaría, que pensaría del Sangrederosas de hoy (era el fan numero uno), en que parada estaría ahora, en fin. Insisto, no sufro ni por él ni por sus tristes padres, sufro por mí, por que yo lo extraño, porque en estos días aciagos de mi existir me hace falta, putas que me hace falta. Porque quiero oír su fea risa, quiero ver su rostro, quiero escuchar su filosofía y sus tonteras, quiero comentarle una película, eso. Yo no lo tengo, yo lo perdí y lo quiero conmigo y no va a volver. Este egoísmo nuestro nos ciega, nos vuelve dolientes, y nos hace olvidar un detalle importante: que la conciencia no es sólo darnos cuenta de la vida que llevamos, sino que además es el conocimiento cierto de lo querido, y que la muerte no borra eso, se lleva el cuerpo y la conciencia del que era, pero su recuerdo permanece unido a ese sentimiento con nosotros, los buenos momentos se revivirán siempre, el legado que deja está en nosotros, mientras eso viva, aquél que se fue está y estará. Cuesta desprenderse del egoísmo y del espíritu de mártir que cada uno lleva, pero de a poco se entiende que mientras seamos nosotros los concientes de los que no están, ellos no mueren jamás. Un abrazo para todos los que hemos sufrido la pérdida, y hagamos el ejercicio por un asunto de salud, por un asunto de humanidad. Hasta la próxima. Leído 107 veces
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